| Carol's profileSweet Caroline (chan cha...BlogLists | Help |
|
9/26/2008 Instrucciones para salir de casa por la mañana1.- Despertarse 2.- Salir de la cama 3.- Asearse y vestirse 4.- Desayunar 5.- Coger bolso y llaves 6.- Salir de casa 7.- Abrir el portal
En cuanto al punto 5.-, comprobad 3 veces que las llaves que cogéis son las de casa, porque si no llegaréis al portal, no podréis abrirlo y os quedaréis encerrados en poco más de un metro cuadrado durante dos horas mientras os hacéis un ovillito y dormís cual homeless en un cajero.
No, no, a mi no me ha pasado; sólo me lo estaba imaginando… 8-) 9/10/2008 Amarillo
No lloré. Pensé que lo haría. Mucho. Con hipos. Sin parar. Había pensado en qué momentos ocurriría. Total, se me ponían los ojos “candy candy” con sólo pensarlo, así que sería lo normal. Incluso llevaba un pañuelo de papel nuevecito y reluciente en el bolsillo, preparado para salir al rescate. Pero no ocurrió. Lo que sí me pasó fue que me temblaron las piernas. Y tenía mariposillas en el estómago. Y algo de miedito también, porque la última vez estuve a punto de morir aplastada. Entonces me prometí que no volvería al mismo lugar, que me mantendría alejada. Pero lo hice. Hace tres meses compré una entrada de pista para ver a Coldplay.
El tiempo, como siempre, pasó bastante deprisa, y antes de darme cuenta estaba camino al Palacio de los Deportes junto con dos amigas para comer por la zona y estar prontito en la cola, como cuando éramos adolescentes. Qué calor pasamos, qué de cosas absurdas vimos, y qué de tontería en tan poco espacio. Pero también qué de ilusión, qué de eclecticismo, qué de ambiente positivo. Tras tres horas de soportar un sol de justicia y escuchar perlas como: “¿esto de la cola cómo va? ¿Os han cogido el nombre o algo?” que nos dejaron ojipláticas, se abrieron las puertas. “Sweet, corre como una perra” escuché a mi espalda. Y ni Usain Bolt podría haberme ganado (y eso que bajé un par de tramos de escaleras casi a oscuras). Objetivo conseguido: quinta fila y en un ángulo perfecto respecto del micro principal. (La parte del telonero me la salto, if you don’t mind).
Cayó el telón. Se apagaron las luces. Lo que era oscuro se volvió technicolor. Y no lloré. Durante 90 minutos grité, canté, reí, soñé e incluso una mano chiquitita estrujó un poco mi corazón. Pero no lloré. Y yo lo esperaba. Porque en muchísimas ocasiones, su música ha sido para mi un increíble canalizador de emociones. Me ha acompañado en momentos muy íntimos, tanto de los buenos como de los malos. Me ha transportado a otros tiempos, a otros lugares. Me ha ayudado a superar derrotas y a celebrar victorias. Pero no lloré. Supongo que en ese momento, a pesar de lo que determinados acordes me pudieran evocar, dejé lo triste en la mochila. Lo que no quiere decir que no me emocionase. Pasé todo el concierto con la piel de gallinita, conste. Simplemente, me quedé con las emociones positivas, disfruté de la experiencia. Y eso que a veces las letritas se las traen. Pero pudieron más, por una vez, las vibraciones positivas. Estuve en la colina Violeta, en mi lugar, donde no hay relojes y la niebla se vuelve dios, que puso una sonrisa en mi cara y habló a pesar de lo más difícil gritando “Viva la vida!”; donde la ciencia responde preguntas, pero habla más bajo que el corazón; donde llueven mariposas y al final, todo es amarillo.
No lloré. Hoy me emociono al recordar todo lo que viví, pero no lloré. Quizá la próxima vez lo haga. Sólo sé seguro que estaré allí, y que me encantaría que tú (sí, tú J) llores o no conmigo. |
|
|