Carol's profileSweet Caroline (chan cha...BlogLists Tools Help

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    9/10/2008

    Amarillo

     

    No lloré. Pensé que lo haría. Mucho. Con hipos. Sin parar. Había pensado en qué momentos ocurriría. Total, se me ponían los ojos “candy candy” con sólo pensarlo, así que sería lo normal. Incluso llevaba un pañuelo de papel nuevecito y reluciente en el bolsillo, preparado para salir al rescate. Pero no ocurrió. Lo que sí me pasó fue que me temblaron las piernas. Y tenía mariposillas en el estómago. Y algo de miedito también, porque la última vez estuve a punto de morir aplastada. Entonces me prometí que no volvería al mismo lugar, que me mantendría alejada. Pero lo hice. Hace tres meses compré una entrada de pista para ver a Coldplay.

     

    El tiempo, como siempre, pasó bastante deprisa, y antes de darme cuenta estaba camino al Palacio de los Deportes junto con dos amigas para comer por la zona y estar prontito en la cola, como cuando éramos adolescentes. Qué calor pasamos, qué de cosas absurdas vimos, y qué de tontería en tan poco espacio. Pero también qué de ilusión, qué de eclecticismo, qué de ambiente positivo. Tras tres horas de soportar un sol de justicia y escuchar perlas como: “¿esto de la cola cómo va? ¿Os han cogido el nombre o algo?” que nos dejaron ojipláticas, se abrieron las puertas. “Sweet, corre como una perra” escuché a mi espalda. Y ni Usain Bolt podría haberme ganado (y eso que bajé un par de tramos de escaleras casi a oscuras). Objetivo conseguido: quinta fila y en un ángulo perfecto respecto del micro principal. (La parte del telonero me la salto, if you don’t mind).

     

    Cayó el telón. Se apagaron las luces. Lo que era oscuro se volvió technicolor. Y no lloré. Durante 90 minutos grité, canté, reí, soñé e incluso una mano chiquitita estrujó un poco mi corazón. Pero no lloré. Y yo lo esperaba. Porque en muchísimas ocasiones, su música ha sido para mi un increíble canalizador de emociones. Me ha acompañado en momentos muy íntimos, tanto de los buenos como de los malos. Me ha transportado a otros tiempos, a otros lugares. Me ha ayudado a superar derrotas y a celebrar victorias. Pero no lloré. Supongo que en ese momento, a pesar de lo que determinados acordes me pudieran evocar, dejé lo triste en la mochila. Lo que no quiere decir que no me emocionase. Pasé todo el concierto con la piel de gallinita, conste. Simplemente, me quedé con las emociones positivas, disfruté de la experiencia. Y eso que a veces las letritas se las traen. Pero pudieron más, por una vez, las vibraciones positivas. Estuve en la colina Violeta, en mi lugar, donde no hay relojes y la niebla se vuelve dios, que puso una sonrisa en mi cara y habló a pesar de lo más difícil gritando “Viva la vida!”; donde la ciencia responde preguntas, pero habla más bajo que el corazón; donde llueven mariposas y al final, todo es amarillo.

     

    No lloré. Hoy me emociono al recordar todo lo que viví, pero no lloré. Quizá la próxima vez lo haga. Sólo sé seguro que estaré allí, y que me encantaría que tú (sí, tú J) llores o no conmigo.

    7/27/2008

    El ¿otro lado? de la cama

     
            Lo reconozco: he perdido la costumbre de estudiar. En realidad, y para ser honesta, diré que no la tuve nunca. Pasé de estudiar los exámenes del colegio en la hora anterior a hacerlo la noche anterior durante COU y los tres primeros años de carrera. En 4º y 5º me esforcé un poco más e incluso iba a la biblioteca, pero yo los considero una "crisis" que pude superar :P. Esto viene a que ahora mismo estoy haciendo un máster de práctica jurídica (no digo estudiando, porque sería mentir) y me está costando horrores. Tiene el pro de que es a distancia y no tengo que ir a clase, pero el CONTRA (en mayúsculas porque para mí es tremendo) de que como nadie me controla, lo voy dejando y pasa lo que pasa.
            Esta noche (sí, sé que es sábado), estoy intentando ser responsable y avanzar un poco en el trabajo. Más que nada por no joderme las vacaciones. El caso es que tengo la TV puesta de fondo, por acompañar más que nada, y me han dado la excusa perfecta para dejar de lado mi tarea y regalarle todos mis sentidos a las imágenes que salen del tubito catódico:
    - Interior de una farmacia. Día. Una farmaceútica con la cara borrosa dice lo siguiente (más o menos, que no me lo he podido aprender sobre la marcha): "porque claro, las niñas si ya tienen relaciones con 15 años y van con uno, con otro... a los 20, 25 ya están aburridas de todo y ¿qué hacen? vamos a probar cosas nuevas... y claro, pues con mujeres".  Todo esto, a raíz de explicar su derecho a la objección de conciencia y por tanto a no vender preservativos. TOMA YA. También ha explicado a todos los ignorantes que vivimos en este país, que el uso del preservativo fomenta el número de abortos (idiota de mí, que pensaba que era al revés) o que es un acto deleznable al nivel del holocausto judío provocado por los nazis. Tal cual. Y se queda tan ancha.
            Me he quedado pegada a la silla. Y mira que yo soy una persona a la que le encanta el debate, que tengo amigos de muy distintas facciones, y entiendo que la pluralidad de opiniones, bien llevada, es más enriquecedora que otra cosa. Pero esto ya es excesivo. No sólo por la exageración y la comparación fuera de lugar, sino porque se están dando datos que científica y estadísticamente no son reales. Ahora, debo reconocer que he vivido una revelación: ahora resulta que la opción sexual depende del uso de anticonceptivos, y, deduzco, por ende, de la ¿"promiscuidad"? mal entendida por según que personas. Lo curioso de todo esto es que luego son esas personas, las que reniegan de libertades y derechos, las que más hacen uso de una ley que, de cara a la galería pisotean, y de puertas para adentro dan gracias al Todopoderoso por su existencia, y que es la ley del divorcio.
            Pero no nos desviemos del tema. Si el uso de preservativos, y por tanto la promiscuidad que es directamente proporcional al uso de los mismos (debo ser la idiota que se carga la estadística, como siempre), ¿las familias pías y numerosísismas que pueblan la piel de toro son las únicas que están a salvo de esa plaga de nuestro tiempo que es la homosexualidad? ¿Si uso condones acabaré tirándome a mis amigas? Madre de Dior, qué encrucijada. Esta noche ya no sé en qué lado de la cama acostarme Confundido
    1/25/2008

    Percepciones

     

    Ayer tuve un juicio. Un asunto de guardia y custodia. Mi cliente es una de esas personas que no soportan los silencios (¡con lo agradables que son a veces!) y necesita hablar constantemente, de todo y de nada, para alejarlos de su alrededor y sentirse más tranquilo. Habló de lo malas que somos las mujeres con los hombres, de los gastos de la casa, de lo que cobra en el paro, de lo malas que somos las mujeres con los hombres, de los últimos crímenes de violencia de género, de lo terrible que es la heroína y los pocos amigos que le ha respetado, de lo malas que somos las mujeres con los hombres… ¿he dicho que las mujeres le parecemos malas? Durante casi una hora mantuvo su charla deslavazada e inconstante, y como todos los hombres me comentó lo desagradable que se le hacía la situación (las mujeres hablan de ello algo menos, o quizá no, pero si de un modo diferente) y yo me di cuenta de lo abismalmente distinta que puede verse la misma circunstancia según se esté sentado en un banco mirando a varias personas vestidas de negro sobre un estrado o se sea una de esas personas vestidas de negro sobre un estrado y se mire a los que están en los bancos (aprovecho para explicar que en los juzgados españoles, defensa, acusación y tribunal están siempre a la misma altura y ninguno está en una mesa más alta que el resto J).

    No es la primera vez que debato (por no decir “discuto” XD ) con un cliente porque me dice que tanto estas situaciones como mi trabajo le parecen desagradables. Ahí es cuando trato de explicar que entiendo que es su vida, y a nadie le gusta dejarla en manos de gente ajena para que decida qué será de ellos a partir de ese momento. Pero mi trabajo consiste en que lo que esa persona ajena decida se parezca lo más posible a lo que ellos quieren. Es un reto que me gusta. Y casi siempre lo consigo J.

    Yo he estado a ambos lados del espejo, o más o menos. He sido testigo en un par de juicios y podéis creerme si os digo que lo pasé fatal, con tanta gente mirándome y pendiente de lo que yo dijese. ¡Vaya nervios! Casi iguales que cuando me pongo la toga y me subo a un estrado, sólo que éstos van aderezados de un subidón de adrenalina, fuerte concentración y una actividad cerebral que roza la extenuación. Y me encanta.

    Es curioso lo distinto que se ve todo dependiendo del lado del escalón en el que estés.

    1/7/2008

    Still me

     

    Hace tiempo que no paso por aquí. En cierto modo he perdido, no el interés, sino la motivación de escribir. Soy incapaz de recordar cómo me hacía sentir, cómo nacía el impulso y se transformaba en letras, en palabras, en historias. Y a pesar de todo, lo echo de menos.

    Me han pasado muchas cosas en estos últimos meses. No habría espacio en el mundo para poder plasmar lo que han supuesto para mí, lo que me han hecho aprender y lo que me han hecho cambiar. Es curioso, porque sé que soy diferente pero en el fondo me sigo sintiendo la misma niña dentro de un cuerpo de mujer. Aún se me saltan las lágrimas con una facilidad pasmosa, me río de los peores chistes y me emociono en los momentos más inoportunos. En esos momentos me reconozco plenamente. Hay otros en los que no. Pero sigo viva, y sigo en pie. Supongo que es la motivación más poderosa que existe: saber que puedes seguir hacia delante. Y es la intención que tengo.

    Por cierto, feliz 2.008

    1/22/2007

    Vacaciones

     

    ¿Soy Iris?

    ¿Amanda?

    ¿Una extraña mezcla de las dos?

    ¿Por qué nunca he hecho un intercambio de casas?

    ¿Quizá porque no tengo casa que intercambiar?

    ¿Qué he hecho mal para que Jude Law no llame a mi puerta ligeramente borracho?

    ¿Tengo algo parecido a las “agallas”? (Y no son las de los peces)

    ¿Soy la “prota”?

    ¿La amiga de la “prota”?

    ¿O la “prota” actuando como si fuera la amiga de la “prota”? (Qué lío)

    ¿Por qué me siento tan identificada cuando alguien pone una canción y la canta y escenifica a voz en grito?

    ¿Compraré algún día un pijama para dos?

    ¿Tendré un encuentro cuco?

    ¿Soy la tia más deprimente que haya conocido alguien nunca?

    ¿Es posible despertar de resaca peinada y sin cara de zombie?

    Y lo que es más importante, ¿habrá en mi vida algo parecido a un final feliz?

     

    Menos mal que lo que pretendía era una sesión de cine fácil y sin pensar…

     

    (Os recomiendo “The holidays” a todos)

     

    1/19/2007

    La bolsa o la vida

     

           Más o menos eso es lo que me dijeron, y yo no supe bien qué contestar. Fue hace unos tres meses, cuando me dieron el soplo de que me iban a ofrecer un puesto de trabajo al que ya había optado y cuya selección quedé la segunda. En su momento supuso un chasco, pero se quedaron con mi CV, me dijeron que en caso de haber una nueva vacante me llamarían directamente y yo seguí con mi vida, o, al menos, intentándolo. De aquello han pasado dos años y justo ahora, cuando estaba completamente segura de hacer lo que quería, en un trabajo al que cada día iba contenta y con un futuro laboral que poco a poco comenzaba a tomar una forma más definida, ¡pum! aparecieron de nuevo y me desestabilizaron entera. Y es que no se puede llegar de pronto y, como un cuatrero de los del oeste americano, ponerte en semejante brete. Señores, eso no está nada bien.

     

          Esta tesitura me hizo pasar la semana más dura de mi vida (motivo por el que mi vuelta a las letras y a las caídas se vio trágicamente truncada), plantearme muchas cosas, y, sobre todo, aprender mucho sobre mí misma. Cada vez que sonaba el teléfono rezaba para tener un poco más de tiempo para pensar. Me hubiera venido genial tener una balanza para sopesar con precisión mis opciones pero, como no es el caso, tuve que consolarme con hacer dos listas (mentales, no os vayáis a creer que lo escribí ni nada). La primera suponía un trabajo estable y posiblemente interesante, un sueldo más que generoso y un salto cualitativo brutal en mi CV, pero también estaba que la experiencia adquirida no me iba a servir después en el mundo laboral, que los horarios eran absolutamente incompatibles con cualquier tipo de intención de tener una vida social minimamente gratificante (bueno, en realidad con cualquier tipo de vida social) y que no era ni de lejos algo que tuviera que ver con mi campo actual. El segundo platillo incluía absoluta satisfacción por el trabajo hecho, vocación cumplida, un ambiente laboral fantástico, un futuro cada vez más perfilado y una compensación económica algo raquítica y la inseguridad que supone ser autónoma. Ainss, qué fácil era cuando la decisión más dura era merendar Nocilla o pan con chocolate (que parece lo mismo, pero no es igual). No podéis imaginaros lo complicado que fue. Si pensaba en decantarme por la primera, me sentía una mercenaria; si pensaba en la segunda, una idiota idealista. Al fin y al cabo, hay que comer y no está el mundo hoy en día como para rechazar angulas para quedarse con una tortilla francesa (con todo mi respeto para la tortilla), pero ahora, sin más responsabilidades que yo misma es cuando me lo podía permitir. O al menos en teoría. ¡Lo que trabajó mi coco en esos días!

     

          Con mucha dificultad, terminé tomando una decisión. No sé si he cometido el error más grande de mi vida o si, quizá, es lo mejor que podía haber hecho nunca. Pero para ganar hay que arriesgarse, y mi felicidad no es un juego. Al fin, llegó el momento crucial: sonó el teléfono y me lo preguntaron: “¿La bolsa o la vida?”. Y con una calma y una decisión que me sorprendieron mucho respondí:

    “La vida”.

     

    9/30/2006

    Starring... Sanchidrián

    Creo que por fin ha llegado el momento de explicaros a todos el origen de su nombre. Para ello, debo comenzar poniéndoos al corriente de que en mi familia somos extremadamente propensos a cambiar el nombre de las cosas (retorcerlos, estirarlos y estrujarlos hasta el punto de no parecerse nada al original) y a las peregrinas asociaciones de palabras.

     

    En este caso, ha sido fundamental lo siguiente:

    a)      Mis abuelos eran agricultores, y mi abuela cuando iba a dar de comer a los conejos les llamaba diciendo: “Sanchi, sanchi…”, igual que a las gallinas las llamaba “pulas”. Lo que no sé es por qué.

    b)      Cuando voy a mi pueblo, por la A6 siempre veo el desvío a Sanchidrián, al que quizá se refiere Hope for winter.  Es un topónimo muy sonoro que siempre me ha gustado. Me pasa lo mismo con Peñaranda de Bracamonte, por ejemplo, y supongo que es la típica cosa que se te acaba quedando en la cabeza a base de verla durante años.

     

    La cuestión es que cuando nuestro protagonista llegó a casa no tenía nombre, y le llamábamos (aunque por supuesto no hacía ni caso) de la primera manera que se nos ocurría. Una tarde que el animalito se había atrincherado en el baño, mi hermana trataba de sacarle de buenas maneras: “Sanchi, sanchi…” le decía, hasta que en una de esas… “Sanchidrián, ¡sal de ahí!”. Nos entró la risa, y como ya digo que siempre nos ha gustado, así se quedó.

     

    Por desgracia, no puedo decir que esto se haya mantenido hasta el día de hoy, porque hace cosa de dos meses mis padres se lo llevaron una mañana y lo entregaron en una tienda de animales. Supongo que el hecho de que se hubiera comido dos veces parte de la instalación de riego por goteo y que se rebelase salvajemente cuando le metíamos en la jaula para evitar mayores destrozos no debió ayudar.

     

    Sólo espero que lo estén tratando bien, Y si por algún casual su nuevo dueño lee esto, le aviso de que cuando gruñe no va de mosqueo. Ataca.

    9/26/2006

    Eloquentia

    Esta mañana ha sido la sesión final de un juicio en la Audiencia Provincial sobre apropiación indebida que ha durado 5 días. Cinco interminables días. Hoy era la jornada grande: los informes. Para todo aquel que no esté familiarizado con el proceso penal, explico que el informe es la parte final del juicio, en la que el letrado hace un resumen del procedimiento, expone sus conclusiones y solicita que la Sentencia sea dictada acorde con su solicitud (vamos, los discursos que hacía Bizcochito en Ally MacBeal XD). En mi humilde opinión de letrada principiante es el momento en el que ves si alguien vale o no (aunque en la mayoría de los casos el juez no haga ni caso y esté pensando en si cenar carne o pescado).

     

    Esta mañana, para mi la sorpresa ha sido uno de los letrados actuantes. He de decir que es uno de esos abogados que ya tiene un nombre, de modo que mi curiosidad durante la vista se ha mantenido siempre en alerta. Reconozco que durante los interrogatorios llegué a pensar que flojeaba y que, como tantos, no es oro todo lo que reluce. Hasta el alegato final. Desde aquí retiro cualquier tipo de reticencia y me quito el sombrero ante la elocuencia, saber estar y desparpajo de ese hombre, que, aun conociendo yo todo el procedimiento y habiéndome tragado 4 días de sesiones, ha conseguido mantener mi atención durante más de una hora de discurso.

     

    Ya me gustaría a mi ser capaz de expresarme en público (bueno, y también en privado, qué narices!) de esa forma, sin atorarme, balbucear o perderme en los cerros de Úbeda (que deben tener unas vistas preciosas). No es que esto me pase trabajando (a ver si vais a creer que soy una inútil total) sino que lo normal es que sea en mi vida diaria cuando la lengua decide ir por un lado y mi cerebro por otro (de mis pies mejor no hablamos ;) ), lo que me trae más de un quebradero de cabeza por decir en voz alta lo que no debo o no decir lo que debería. Vamos, un lío.

     

    Ahora que lo pienso… ¿venderán en e-bay elocuencia embotellada?

    9/15/2006

    The sign

     

    Iba yo hacia el despacho, enfrascada en mis pensamientos y escuchando musiquita; saqué las llaves del bolso… y lo que tenía delante eran los tornos del Metro.

     

    Es una señal.

     

    Tengo que dormir más.

    9/5/2006

    "Otro curso...

     

    … nos volvemos a encontrar. / Otro curso,/ qué aventuras pasarán (…)”

     

    La letra me patina, pero tengo la melodía grabadita en la cabeza. Es la canción con la que empezaba una de las películas de Parchís (“La segunda guerra de los niños” tal vez??) y como tantísimos otros recuerdos, no tengo muy claro qué hace clavadito en mi memoria, pero el caso es que está ahí y me ha venido a los labios en el momento justo del año.

     

    Hace un tiempo hice clic con el ratón cerrando una ventana de mi pantalla y, cuando me he querido dar cuenta, han pasado más de tres meses (¡casi un verano!), dos actuaciones (una de ellas en un teatro de verdad XDD), mucho calor, empachos de macarrones, una mudanza, tardes estupendas, reencuentros, innumerables noches en vela, sorprendentes descubrimientos, abrazos (soy adicta a cualquier tipo de mimo), cientos de sonrisas, alguna que otra lágrima…

     

    Mi espacio está tal y como lo dejé (bueno, algo mas moderno), sólo que lleno de polvo que hace “sólida” la poca luz que entra por las contraventanas a medio cerrar y con alguna que otra telaraña en las esquinas. Me siento como en casa; bueno, al fin y al cabo es una parte de mí, y me da por preguntarme si dentro de mí también habrá algo de polvo y telarañas en los lugares que he tenido más desatendidos. Ya no se escuchan los pasos de los visitantes, ni sus risas. Lo echo de menos.

     

    Creo que es el momento de volver.

     

    5/6/2006

    La familia y uno más

     

    Mi casa, desde el principio de los tiempos (bueno, más bien desde que tengo uso de razón, que para mí es lo mismo), ha sido una especie de casa de acogida para todo bicho viviente que se ha acercado a la puerta. Así, mi anterior perra, un pastor alemán que se llamaba Jara, fue abandonada dos días después de Navidad y tardó menos de una noche es ser adoptada por nosotros al encontrarla vagando por la calle. Ninguno de mis gatos (que han sido unos 8) ha salido de una tienda de animales; todos nos los han regalado o los hemos encontrado. Incluso la tortuga la sacamos de la calle. El único animal que hemos comprado es mi perro actual, un cocker negro que se llama Byron y que es tan bueno que da en tonto.

     

    El caso es que mientras estuve en Berlín mi familia aumentó, y no estoy hablando de ningún embarazo. Una tarde, mi hermana y mi madre descubrieron un animalillo debajo del coche que my sister, haciendo gala de los años de experiencia “cazando” gatos en el pueblo, se apresuró a pillar. Tras tres o cuatro días de incertidumbre (“hay que llevarlo a algún centro, blablabla”) ya estaba clarísimo que era uno más de la familia puesto que tenía hasta nombre.

     

    Así que, en primicia mundial, oficialmente os presento a Sanchidrián:

     

    Sanchidrián

     

     

    El origen del nombre, en el siguiente post XD

     

    5/3/2006

    Feliz no cumpleaños

     

    Las cosas casi nunca salen tal y como han sido planeadas. Esto es una ley universal que conozco de sobra y debería tener más en cuenta. Pero yo, en mi línea, no lo hago y así me va.

     

    Este último puente me las prometía yo muy felices disfrutando de un Madrid medio vacío, saliendo hasta altas horas y tratando de descansar (aunque esto último sabía que no lo iba a hacer). También pretendía escribir un post especial, para conmemorar mi primer aniversario blogleril el día 31, que incluiría algún dibujo o foto impactante. Pero hete aquí que no sé muy bien cómo, para variar, acabé en plena “estepa castellana” (otra vez), pasando más frío que en la guerra y disfrutando, entre otras, de actividades como un bingo a favor del equipo futbolístico local. Memorable. Yo, que soy bastante ingenua, al salir de casa me dije: “Sweet, coge el portátil que fijo que allí te da tiempo a hacerlo”. Y ya no es sólo que no haya tenido tiempo casi ni de dormir, sino que no he sido capaz de encontrar NI UNA SOLA conexión inalámbrica en la que colarme medio minuto. Madre de Dior, qué urbanita me sentía. Así, se torcieron mis planes y ni post ni nada que se le parezca. Pero la idea no se me ha olvidado; sólo ha mutado. Por eso, en lugar de felicitarme a mi misma por llevar un añito por aquí os doy las gracias a vosotros (si es que aún queda alguien) por animarme a esto con vuestras visitas y comentarios, y por aguantar 12 meses a pesar de las idas de olla, las desapariciones (a veces me siento “Guadiana”) y la inconstancia que ha sido la nota durante los últimos meses.

     

    Hala, y ahora ¡a por el segundo!

     

    MadHatTea
    4/28/2006

    Looking like an angel

     

    Llevo una semana lo que se dice gloriosa. Estoy por pedir un censo de tuertos e investigar uno por uno quién es el que me ha mirado. Me han robado una americana en mis mismas narices con el abono transporte en un bolsillo, extravié el carné de colegiada (siendo indispensable para actuar en el juicio que tenía un ratito después), ayer por la tarde se fue la luz en el Metro, manteniéndome atrapada entre dos estaciones más de un cuarto de hora en un vagón que tenía la mitad de las luces de emergencia estropeadas y al volver a casa por la noche me dormí en el autobús y me pasé de parada. ¿Se puede pedir más?

     

    He dedicado la mañana de hoy a arreglar un poco el estropicio y a hacer papeleo, teniendo, entre otras cosas, que hacerme unas fotos de carné (cosa que odio) para renovarme el abono transporte. El caso es que por una vez, no he salido excesivamente mal y me ha hecho tanta ilusión que le he pedido a la dependienta que, además de las instantáneas, me dejara encargado un juego de fotos de cartera y demás. Cuando me las ha dado, le he pedido una tijera para llevarlas cortadas al estanco y mientras se dedicaba a la tarea, la chica dice:

     

    -         Pareces un ángel… toda de blanco…

     

    Yo me he quedado completamente cortada, he acertado a medio sonreír mientras pagaba y me he ido. Una vez en la calle, he vuelto a mirar las fotos y, no sé si pareceré un ángel (pasando de tener ahora mismo una discusión bizantina conmigo misma), pero al pensar en ello esta vez la sonrisa ha sido completa y he pensado que, por fin, la semana se iba enderezando.

     

    4/2/2006

    En Berlín no hay nada que ver

     

    Al menos esa es la razón que argumentaba mi vecina para “saltarse” la capital teutona en un viaje que hizo a aquellas tierras. El caso es que yo siempre he sido curiosa y no me lo acababa de creer, de modo que decidí que en cuanto pudiera iría a comprobarlo y eso es lo que hice la semana pasada junto a tres amigas. A eso de las 7 de la mañana estábamos todas en la ya famosa T4 del aeropuerto de Barajas (en mi caso, con más sueño que otra cosa) para comenzar nuestra aventura.

     

    Debo decir que tras cinco intensos días de caminatas, en los que pasé más frío del que se pasa en Vladivostok (no he estado, pero me lo imagino), puedo asegurar, con un margen de error del 0’0%, que en Berlín SÍ hay cosas que ver. Muchas. Algunas preciosas. Valga el famoso busto de Nefertiti como ejemplo. O el altar de Pérgamo. O la Isla de los Museos. O “Unter den Linden” (“Bajo los tilos”, el paseo imperial). O el Reichstag. O Checkpoint Charlie. O Postdamer Platz. O … No es una ciudad que “entre por los ojos”, como puedan ser Londres o Ámsterdam, pero tiene un “algo”, un encanto especial. Sobre todo, porque es imposible dar un paso sin darse de bruces con la Historia, de la que, para bien o para mal, ha sido protagonista durante una buena parte del siglo pasado. Yo recomiendo encarecidamente que cualquier persona que vaya de visita no se pierda los “Free tours” que salen todos los días desde la Puerta de Brandemburgo (los hay en español), guiados por universitarios, que son un modo fantástico de no caer en el turismo borreguil de “monumento-foto-monumento-foto-foto de grupo-monumento…” y así ad infinitum, sin preocuparse de lo que hay detrás. Se aprende mucho. Berlín me ha hecho pensar (aunque un buen amigo mío diga que para eso está Praga ;) ). Sobre todo y sobre nada. He pasado revista a ideas que rondaban mi cabecita desde hace tiempo y he llegado a algunas conclusiones. Me ha venido muy bien.

     

    Por supuesto, y como veréis en la foto que ilustra ahora mi perfil, Norte vino conmigo (el koala también). En concreto está posando en el monumento al soldado desconocido (que está en el Tiergarten), y, también por supuesto, me miraron raro mientras la sacaba XD. Esa no ha sido la única anécdota del viaje. Como diría una amiga mía, aprendimos en alemán esencial para sobrevivir:

     

    -         Distinguíamos entre “damen” y “herren”, lo cual es básico para poder adivinar en qué aseo debes entrar.

    -         Sabíamos el nombre de nuestra parada de Metro (o U-bahn): Brokebackburger (que en realidad era Mockenbrucke, pero sufrió una “pequeña” transformación cuando tratamos de aprendérnosla).

     

    El transporte público es también digno de mención. En el mismo plano mezclan metro, cercanías, tranvías y autobuses. Los dos primeros complicados de distinguir, porque van tanto sobre como bajo tierra a ratitos de modo que no entendíamos bien la diferencia. Pero acabamos apañándonos y bastante bien. Así mismo, no hay que saltarse una excursión a un supermercado de barrio porque son toda una aventura. Eso sí, el 80% de los productos son o llevan patata entre sus ingredientes, hay un 5% de comida asiática y un 15% de cerveza. Bueno, es posible que los porcentajes no sean del todo fiables, pero no es fácil hacer la compra fiándote de los dibujitos de las tapas porque no entiendes nada :D.

     

    El último día, la cosa se puso graciosa. Además de hacer un frío glacial, empezó a llover. Bueno, a diluviar. Y nosotras, de excursión para ver “la madre de todos los mercadillos de segunda mano” (y que sólo por curioso, merece la pena). Claro, nos calamos. Es más, mis botas hacían “chof chof” y me tuve que comprar unos calcetines para cambiarme. Cuando en el vuelo de vuelta empecé a toser, sabía que había vuelto con premio y ¡voilá! hace cuatro días me diagnosticaron una laringitis, que me ha tenido encadenada a la cama entre fiebre y dolores infames de cabeza. Pero, ¿sabéis una cosa? El souvenir ha merecido la pena.

     

    2/28/2006

    February

     

    Febrero ha sido un mes muy raro. Desafinado, destemplado, imprevisible y desconcertante. Terminará como empezó, con un olvido. Y me deja una sensación extraña, agridulce. Indefinible. Aunque hubiera sido mejor si sólo hubiera tenido 27 días. En fin, ya veremos que nos trae Marzo.

     

    2/16/2006

    Vendetta

     

    Antes de ayer fue San Valentín (patrón de los cazadores de pájaros, de los tramposos y de los estafadores en general, por cierto), jornada en la que se celebra el estar enamorado. Casi no sé ni en qué día vivo, de modo que la pista para ubicarme me la dieron la primera hora de la mañana las mujeres que iban en el Metro portando una rosa (o unas cuantas), que eran bastantes, y la gran cantidad de parejitas en actitud más acaramelada de lo normal.

     

    Desde entonces hasta la tarde de hoy he recibido a 3 personas que querían el divorcio, he redactado 2 convenios reguladores y esta misma tarde he preparado 2 demandas para presentarlas la semana que viene y una vista que tengo el lunes. Me siento verdugo de Cupido.

     

    Y creo que va a vengarse.

     

    1/23/2006

    Ignorancia

    Rescatado del baúl

    de los recuerdos...

     

     

    Escribo por escribir. Escribo porque me sirve de terapia. Escribo porque me tiemblan las piernas cuando nos vemos. Escribo porque me gusta que me arranque mil sonrisas. Escribo por los escalofríos que me recorren cuando me toca. Escribo porque no puedo sacármelo de la cabeza. Escribo porque me desconcierta. Escribo porque no entiendo nada. Escribo porque sabemos lo que va a decir el otro antes incluso de abrir la boca. Escribo porque he perdido mi norte. Escribo porque me siento diferente. Escribo porque me cuesta horrores no besarle cuando está cerca. Escribo porque podría hacer de mí lo que quisiera. Escribo porque no sé si merece la pena. Escribo porque tengo que medir mis palabras. Escribo porque no sé cómo comenzó esta historia. Escribo porque no sé si habrá un final. Escribo porque no sé dónde están los límites. Escribo porque mi mundo se ha dado la vuelta. Escribo porque me siento segura cuando estoy a su lado. Escribo porque soy una cobarde. Escribo porque me hace andar a 20 centímetros del suelo. Escribo porque no sé lo que siente. Escribo porque no sabe lo que siento.

     

    Escribo, en definitiva, porque nunca va a saberlo.

    1/18/2006

    Kinder

    Ayer muté. Sí, sí, creedme. De pronto me crecieron bigote y trenzas pelirrojas, subí unas 15 tallas, mis pantalones se volvieron azules y blancos, mi fuerza se volvió sobrehumana  y sentí unas irresistibles ganas de:

     

    a)      comer jabalí.

    b)       convertirme en metrónomo, marcando cada tiempo a golpe de romano estampado contra el suelo a diestra y siniestra.

     

    Lo habéis adivinado: me sentí Obélix. La diferencia es que yo soy más bien menudita, no tengo tanta fuerza ni mis pantalones el tiro tan alto. Lo que sí me hubiera encantado es lo de hacer de metrónomo humano pero cambiando el romano por una niña de tres años. Teniendo en cuenta lo niñera que yo soy (lo sabéis de sobra), sé que puede sonar raro, pero es la pura verdad. Yo misma me sorprendí.

     

    Resulta que ayer por la tarde tenía la visita de una cliente y se presentaron ella, su madre y su hija (abuela, madre y semilla de Satán, para entendernos). La consulta se demoró durante una hora y veinte minutos, durante los cuales el huracán L. asoló mi despacho. Primero me hizo cambiar todas las sillas de sitio. Luego le di un folio y lápices para tenerla entretenida lo que hizo que quisiera dejar muestras de su capacidad artística en cada uno de los expedientes que yo tenía a mano. También le hacía gracia abrir y cerrar cajones y cuando puse la mano delante del mueble para que no se pillara ¡sorpresa! me pilló la mano a mí porque la puse sin mirar y el cajón estaba abierto. Intentó convertirse en lanza-cuchillos con el abrecartas y en espeleóloga trazando todas las rutas posibles de lado a lado de la mesa por debajo de la misma y de mi propia silla. Podría seguir durante algún tiempo más contándoos sus andanzas, pero ya acabé yo mareada por todos vosotros. Y todo esto mientras intentaba mantener el hilo de la conversación que mantenía con su madre y su abuela. Hablando de las reinas de Roma, ¿creéis que le dijeron algo al engendro chillón (con tres años no sabe decir NADA y se comunica a gritos con tono de castrati)? “Nena, para quieta”. YA. Cuando conseguí sacarlas de allí, mi compañero estaba literalmente flipado con la orgía de gritos que se había montado la enana demoníaca. Yo me quedé rendida del estrés. De hecho, creo que aún no me he recuperado del todo. A ella, como premio por haber sido buena, se la llevaron a merendar una hamburguesa.
     
    ¿Y a mí quién me lo da?
    1/17/2006

    Agenda nueva

    Hay gente a la que le encanta hacer listas. Clasificarlo todo, tenerlo ordenadito y a la vista, establecer prioridades o aclarar ideas. En el otro extremo se encuentran los que por no enumerar, no escribían ni carta a los Reyes Magos de pequeños. Yo me encuentro en la fina línea que separa a unos de otros. Esto significa que mi vida pasa de ser un completo caos a estar perfectamente milimetrada y volver de nuevo al caos con la misma naturalidad con la que mi gato adopta posturas imposibles cuando se lava. Y sin despeinarme. Una de las listas que más me gusta, por todo lo que conlleva, es la de propósitos para el nuevo año. Es bonita, optimista... y permite ir incumpliendo cada uno de sus puntos según pasan los meses :P. Al fin y al cabo, creo que es más platónica que real.

     

    El caso es que de este año nos hemos fundido ya una quincena y mi lista está missing. Suelo hacerla a mediados de Diciembre, para tener en las campanadas una visión global de lo que (no) haré ;) en los doce meses siguientes; este año, nada. Y no es porque no sepa qué es lo que quiero, sino precisamente por eso: porque lo sé.

     

    Aquí es donde se plantea el problema. Hasta ahora, yo era de las que decía: “No sé si sé lo que quiero, pero sí se lo que no quiero”, que parece un trabalenguas pero no lo es. A día de hoy, sigo teniendo muy clarito lo que no quiero y a la vez empiezo a tener muy claras algunas cosas que quiero, pero si las pongo en la lista... ¿sigue sirviendo la misma excusa que para el resto si no intento al menos alcanzarlas? ¿O me mortificaré (porque sé que lo haré) por no haber movido ni medio dedo? ¿Será en realidad que me a-co-jo-na ponerme manos a la obra habiendo un objetivo claro?

     

    Ainsss, y yo que pensaba que lo más farragoso de empezar el año era comprarse una agenda nueva...

     

    1/14/2006

    Pervicaciae

    Ya, ya sé que llego tardísimo a esto de las manías y lo siento muchísimo, pero las complicaciones informáticas primero, y las laborales después, me han tenido fuera de combate más tiempo del deseado. Copio las instrucciones y voy a ello (aunque a estas alturas permitidme que pase de los links).

     

    El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos". Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito, de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas a indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo "Has sido elegido" y dices que lean el vuestro.

     

     

    1.- Tiene que haber la más absoluta oscuridad en mi habitación para poder dormir. Esto supone que hay veces que bajo la persiana hasta cuatro veces para que quede bien encajada. Ahora, durmiendo en cualquier otro sitio no tengo problema.

     

    2.- Por las mañanas de los días de diario, al levantarme el orden de ir al baño, vestirme, desayunar... depende de si me lleva a trabajar alguno de mis padres o si voy sola. En cualquiera de los dos casos, la rutina es inamovible (más que nada porque si la cambio seguro que se me olvida algo).

     

    3.- Cuando me pongo a leer, tiendo a perder completamente el sentido del oído y no hago nada por evitarlo. Ya pueden ponerme a caer de un burro en mi misma cara que ni me entero (mis amigos han hecho la prueba, conste).

     

    4.- Darme una ducha va unido indefectiblemente a poner música a todo trapo para escucharla desde el baño (y de paso educo el oído musical del resto de mi familia). Si no, como que no es lo mismo.

     

    5.- Para dormir, necesito estar tapada y notar la manta/sábana/lo que sea encima. La consecuencia es que tengo el nórdico puesto en la cama de Enero a Enero. No os asustéis, en verano una vez dormida me destapo para evitar pillar un sarampión XD

     

    That’s me!!

     

    *Edito: Al leer vuestros hábitos me he dado cuenta de que me salen unos cuantos más, a saber: "cuadrar" las galletas María (las tomo de dos en dos) antes de mojarlas en la leche, no soportar que el nórdico se salga de entre el colchón y los pies de la cama, tener una cucharilla sólo para cuando tomo el Nesquick en vaso o colocar los quesitos del Trivial según el arcoiris (en la medida de lo posible). Me da que voy a dejar de leer manías ajenas, por si siguen saliendo las propias y me escandaliza la lista XD