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    9/27/2006

    Arrebato

    Hay veces en las que la rabia (por ejemplo) se instala en tu estomago, se reparte a la velocidad del sonido por todo tu cuerpo y sientes que necesitas estallar. En contadas ocasiones, Hiroshima a tu lado es un juego de niños. Y luego, la tranquilidad se apodera de ti mientras te vuelves más ligera. Eso me ha pasado hoy.

     

    El pantalón que me he puesto esta mañana llevaba el bajo como doblado sobre si mismo, y lo que yo pensaba q era un toque mono ha resultado una trampa mortal. Acostumbrada a ponérmelo llevando botines con tacón cuadrado, nunca imaginé que la puntería de la que carezco en condiciones normales se iba a condensar en mis pies para atinar con el taconcito de aguja que llevaba hoy dentro de la vuelta del pantalón una y otra vez. No os voy a contar como han sido mis dos caídas (si, DOS, voy superando mi record personal), pero si os diré que me he llegado a asustar por lo que me podría haber pasado.

     

    Total, que al fin consigo llegar a mi casa. Me bajo del coche, vació el buzón (cosa que siempre me toca a mi por una extraña alergia que han desarrollado todos los miembros de mi familia a hacerlo) y cuando estoy entrando en casa… PUM! el enésimo tropezón de la mañana. Si en ese momento se hubiera tomado la temperatura de mi sangre probablemente superaría los 100º. Como un misil me he dirigido al salón donde, sin pensármelo dos veces me he descalzado y quitado el pantalón. Del tirón a la cocina, he cogido las tijeras… ¡y adiós perneras! Hala, para que intente hacerme caer otra vez.

     

    Niños, esto es lo que se llama tener un arrebato. No lo hagáis sin la supervisión de un adulto J

     

    Nota: Hope for Winter, te prometo que lo de Sanchidrián lo explico mañana

    1/9/2006

    Desastre

     
    Mi espacio me odia. Se carga fatal. Los vuestros de pena. No puedo ni comentar. Eva, darlin', el jueguecillo me encanta y en cuanto arregle esto lo contesto :P.
     
    ¡¡¡UNA SOLUCIÖN QUIERO!!!
     
    9/29/2005

    Dios es mujer y lleva puñetas

    Desde que comencé a ejercer he agradecido cualquier comentario y aceptado cualquier crítica (constructiva, claro está) sobre mi trabajo, porque soy consciente de que en el mundo en el que me muevo es difícil controlarlo todo al 200% y hay muchas cosas que sólo se aprenden con el día a día, porque en la facultad ni las hueles. También he tenido siempre muy claro (y ya no sólo trabajando) que nadie es más que nadie y que cualquier persona merece mi respeto (al menos mientras no se me demuestre lo contrario); máxime, cuando trato con cualquier compañero de profesión. Por eso, no me cabe en la cabeza que una persona se crea miembro del Olimpo de los Dioses sólo por que le pongan unos tapetes de sofá en las mangas de la toga.

     

    Todo esto viene porque esta mañana he pasado un juicio sustituyendo a un compañero, que había cometido un pequeño error en la preparación de la vista y que era perfectamente subsanable. Cuando el tema “ha salido a la luz”, a su Señoría se le han cruzado el verde y el rojo, y lo de Cortocircuito (¡qué gran peli!) se ha quedado en pecata minuta. Yo comprendo que si se ha cometido un error se haga notar, pero lo que me supera es que eso haya desencadenado faltas de respeto continuas hacia mi persona, que no se haya respetado el procedimiento impidiéndome intervenir, que se me hayan negado peticiones que ya se consideran "de trámite" y que siempre se hacen igual, y que encima se haya permitido el lujo de darme una “clase magistral” sobre la Ley de Enjuiciamiento Civil (a grito pelado) cuando ella se la estaba saltando a la torera. A todo esto, yo me he tenido que morder la lengua unos 7 millones de veces, porque claro, encima me juego que me eche de la Sala, y bastante bochorno he pasado con semejante número delante de la cliente. Todo por creerse superior al resto de los mortales, vaya usted a saber por qué. Así están en su Juzgado, que no se aguanta nadie con nadie 

     

    Ahora que lo pienso, nunca vi a ninguna deidad llevando puñetas. Creo que mañana seré yo la que le dé la clase.

    7/16/2005

    Aclaraciones

    El pronto me pierde. Está demostrado. Lo que debería haber sido una comunicación privada, o casi, que se habría solucionado en un abrir y cerrar de ojos lo he convertido en una montaña del tamaño del Everest. Y la forma en que lo he llevado es muy posible que me haya quitado razón respecto del fondo. Yo pretendía referirme sólo al teme del uso de textos ajenos, pero incluí un par de temas más para poder dotar de forma y sentido al post. Lo que en absoluto pretendía es que hubiera disculpas por haberme linkado o se me pidiera permiso para postear un texto que ni siquiera es mío. Se me ha ido de las manos. Os pido disculpas a todos.
    7/15/2005

    Aviso para navegantes

    Creo que hay cosas que forman parte del sentido común o al menos deberían, aunque tal y como está el mundo hoy en día, poco puede sorprenderme. Aún así, creo que debo dedicarle un minutillo a esto, más que nada para dejar una serie de cosas claras.
     
    Llevo muy poco tiempo dedicándome al loco mundo de la blogosfera, pero desde que me conecté por primera vez a Internet, hará unos 10 años, siempre he tenido presentes unas reglas de "etiqueta" tanto cuando he chateado como cuando he navegado por páginas personales. No son difíciles de seguir, y vienen dadas por el sentido común, repito.
     
    - Si alguien quiere poner un link a mi espacio desde el suyo o desde su web yo desde luego me siento halagada. Entiendo, eso sí, que eso debe ser notificado a la dueña (en este caso) de la web linkada, más que nada para que lo sepa.
     
    - Cuando empecé con esto, decidí no hacer en un lateral de mi espacio una lista de los blogs que leo. Si en algún momento tengo que nombrar alguno lo haré, pero no sabría decir que no a alguien que me pidiera hacer un intercambio de links aunque su página no me convenciera, de modo que prefiero directamente evitar esas situaciones.
     
    - Textos ajenos: es cuestión de principios. Los textos que posteo, SON MÍOS. Si alguna vez posteara algo que no lo fuera, en caso de poemas, canciones y demás (me refiero, como supondréis a autores consagrados/de sobra conocidos o no), se pone siempre el autor. Cuando se tratase de textos de otros blogs, creo que es indispensable pedir permiso al autor, y además, citarle. Espero que entendáis que lo mismo que yo hago pido que lo hagan conmigo.
     
     
    Todo esto viene porque esta tarde me he encontrado con la desagradable sorpresa de que alguien que lee mi blog me ha "fusilado" un poema y ya no es que no me cite, es que lo postea como suyo. Y me da mucha rabia. Y también mucha pena. Como si no me fuera a dar cuenta nunca, cuando yo devuelvo todas las visitas que me hacen.
     
    En fin, después de las aclaraciones, y por si no pudiera actualizar, que paséis muy buen fin de semana.
    6/21/2005

    Rainy night

    Mi post-anécdota-de-la-vida-de-una-pequeña-abogada-en-la-gran-ciudad podéis encontrarlo en Urban Warriors, espacio en el que me siento orgullosa de colaborar, y más aún porque no entiendo por qué me lo han pedido ^^.

     

    El caso es que no lo voy a colgar aquí, no por nada, sino porque hoy no me apetece hablar de eso. Hoy me apetece dar gracias a Dios (o a Cernunnos, La Señora, Alá, Isis, Astarté, o simplemente a los fenómenos meteorológicos...) por mandarnos la lluvia, anoche y hoy. Y ya no sólo porque una es una chica comprometida en cuanto al tema de la pertinaz sequía que nos asola, sino porque tengo la firme e infantil esperanza de que los goterones de agua se lleven del ambiente las malas vibraciones que se han sentido en mi Madrid (perdonadme el posesivo) en estos días. Me había propuesto no escribir sobre este tema, pero tanta sandez junta me supera.

     

    Me parece inconcebible que a estas alturas, se desevolucione de un modo tan brutal. Que haya gente que se crea con derecho de negar a su vecino algo a lo que tiene todo el derecho. Que se siga utilizando la religión como excusa para presionar a la sociedad. Que generalicen y hagan un uso retorcido de principios y valores, y que pongan en la boca de la gente que los tiene como suyos frases que nunca dirían. Que se crean en posesión de la verdad absoluta. Me da vergüenza que se hayan atrevido a fletar autobuses para venir a pasearse por la calle Alcalá (como la florista) pero no hagan nada en contra de los cientos de pederastas que esconden en su "empresa" (porque ya no es una Iglesia, o al menos no como yo la entiendo). Porque son ellos los que están poniendo en peligro la familia. Porque sí somos iguales para pagar impuestos, por ejemplo. No creo que haya un sólo cura en este mundo que reciba un billete en el cepillo proveniente del bolsillo de un homosexual y se lo devuelva.

     

    Mi opinión ya la he dejado en algún otro espacio, y me vais a permitir que la repita aquí, aún a riesgo de repetir lo que ya he dicho antes: "Dadles la oportunidad de salir a la calle, y de gritar que están en contra de que los derechos más básicos sean reconocidos. Dadles la oportunidad de apretar sus cilicios para castigarse por el rumbo que está tomando esta sociedad nuestra. Dadles la oportunidad de creer que lo están haciendo bien, que tienen patente de corso para decidir sobre la vida de todo aquel que les rodea, profese o no su fe. Dádsela. Porque cuanto más arriba lleguen, más dura será la caída".

     

    Si os digo la verdad, espero estar en primera fila para verla.

    6/17/2005

    Volando voy...

    ...o eso es lo que nos quieren hacer creer los que han "parido" la campaña de promoción del Metro de Madrid. "Vuela", dicen. El problema es que esa gente no debe usar el transporte público. O eso, o nos toman por subnormales. ¿Volar? Y UNA M*****. Hoy, he tardado VEINTICINCO (25) MINUTOS en hacer un trayecto de 10. Consecuencia: he llegado tarde al despacho y mi jefa se ha tenido que ir sin mi al Juzgado. Visualizad la escena: salgo del metro-no está el coche-vuelvo a entrar al metro. Ahí si que he volado. Esta vez, el trayecto de vuelta ha durado sólo 20 minutos. Vamos mejorando (sic).

    Y ahora entra en escena ese otro gran conocido de los que nos movemos (a veces) en transporte público: el autobús. Del metro todavía se atreven a decir que vuela. De los autobuses no hay c******. Para calmar los nervios en lo que lo esperaba (y asi no pensar en que cada vez quedaba menos tiempo para que empezara el juicio sin mi) he decidido probar ese nuevo método por el que tú mandas un sms y te dicen cuánto tardará en llegar el bus al que aguardas en tensión. Así de modernos somos en la capi. El mensaje de respuesta llega al segundo y dice algo como "El autobús está a una distancia de xxxx metros, tardará x minutos. El siguiente autobús tardará "x-elevado a la quinta" minutos". Se quedan tan contentos. Porque efectivamente se tardarían x minutos en recorrer xxxx metros si no hubiera semáforos y cientos de coches haciendo el mismo recorrido. Y allí estás tú, en la marquesina, leyendo el mensaje con cara de besugo y viendo que vas a tener que secuestrar un coche a punta de pistola para poder llegar. De pronto, una señora a tu lado levanta un brazo y al instante una alfombra voladora la recoge y se la lleva cómodamente a su destino. Ah!, que no es una alfombra, es un taxi, pero para mí tiene pinta de carroza oriental como poco. ¿Cómo no se me había ocurrido? Lo mejor es que en el preciso instante en que decido cambiar de transporte, todos los taxis que había en la calle (y tiene 4 carriles de ancho) de-sa-pa-re-cen. Literalmente. A mi me entran ganas de llorar y de quitarle el bastón al ancianito que espera pacientemente junto a mi y cometer un acto vandálico. O dos. Ya puestos, tonterías las justas. Si me detienen, que quede una ficha cumplidita. Y en el instante en el que me voy a pasar al lado oscuro de la Ley, ¡chas! aparezco a tu lado. Bueno, aparece un taxi, sobre el que me avalanzo para que ningún desaprensivo me lo quite. Es mio, mi tessssssssssssoro. Cuando me siento y digo la dirección a la que me dirijo, el mundo se convierte en un anuncio de compresas. Todo es perfecto. Y encima, el señor taxista es agradable y me da conversación. No puedo pedir más. Bueno, sí, llegar a tiempo, pero eso ya es una utopía. Al final, mi salvador del blanco corcel me deposita en la puerta del Juzgado sólo 5 minutos tarde respecto a mi hora. Subo las escaleras de 4 en cuatro (nunca pensé que mis piernecitas dieran para eso) y aparezco en la sala dos minutos antes de que nos llamen. ¡Prueba conseguida! Cuando preguntan por mi congestión facial, murmuro algo sobre lo que tarda el metro, pero no digo más. No me veo con fuerzas de repetirlo todo. A partir de ahí, el día ha ido mejorando gradualmente y ahora luzco una enorme sonrisa en la cara. Después de todo, no me he caído XDD.